jueves 27 de agosto de 2009

La virtud de un profesor

Encontrándome entre nubes de algodón y helados de horchata entablé una conversación típica pero sustanciosa con una compañera. Trabajaba y vivía en Bilbao pero sus clases de oriental se impartían en Burgos, así que varios días a la semana se hacía el camino de ida y luego de vuelta. Le llevaría unas tres horas en total para unas clases, no recuerdo bien, pero que como mucho serían de hora y media o dos horas. Me sorprendió de primeras pero luego lo entendí. “Anisa es una profesora muy generosa”, me dijo.


No es que el conocimiento sea algo que sobre, o mejor dicho, que sea fácil de encontrar en un radio de 150 km desde donde me encuentro ahora mismo, pero alguna profesora he tenido que debía de saber bastante y no lo quería decir. De las de “seguidme que improviso” a base de recortes y regateos tales que parece que van a pillar. De las que les encantan las coreografías porque así aprendes a imitarlas. De las que enseñan cosas sólo en los intensivos. De las que ponen a parir al resto, no sea que tengas tentación de aprender a imitar a otros.


El profesor por definición es generoso, es alguien que quiere compartir y transmitir su conocimiento, aunque en la práctica eso no siempre sea así. De manera que llega a ser más importante la actitud del profesor que su talento, su experiencia o su conocimiento porque aprenderá uno más con alguien que te enseña lo poco que sabe que con el gurú más importante de lo oriental si te engaña.


Yo creo que por suerte, he encontrado el talento y la generosidad.



domingo 10 de mayo de 2009

Narjess Montasser en Sevilla: reflexiones.

Las clases de Narjess resultan siempre interesantes tanto por los conocimientos de diversa naturaleza que se adquieren, como por su propia persona. Cuando termino parece que no ha pasado nada más que una clase pero luego no puedo parar de pensar en cosas que ha dicho, movimientos que ha hecho o situaciones que ha creado.

Esta vez, me quedo sobre todo con el curso de ritmos árabes que me lleva picando en el cerebro un poco más de lo normal.

Cuando Aída me dijo: bailar es traducir la música no la entendí. Pensé que en mi mente se aclaraban algunos conceptos pero ahora sé que no comprendía lo que significa traducir.

Cuando lees un texto que ha sido traducido de un idioma al tuyo, si el traductor ha hecho un buen trabajo, puedes hacerte una idea mental exacta de lo que en su propio idioma quiso decir. Los conceptos, la intención, los matices…Ese tipo de traducción (literal) es la que una buena bailarina debe hacer para el público. No vale seguir el ritmo y poner caras. Ni siquiera sirve, en absoluto, elegir las combinaciones de pasos según la música. Pienso en un sordo que pudiera hacerse una idea exacta de la música viendo a una bailarina danzar. Un sordo que pudiera escuchar la música a través de su danza. Eso es traducir la música.

Recuerdo la primera vez que asistí a un curso de ritmos árabes. Cuando el profesor decía “esto es un maqasoum” las compañeras escribían en sus hojitas: “MAQSOUM-> dum tak tak dum tak” y todos tan contentos. Yo pensaba: “¿cuándo lleguen a casa se van a acordar de qué es un maqsoum?” Entonces me agobiaba un montón y tenía que echar mano de mis años en el conservatorio para poder escribir el ritmo con negras, corcheas, silencios, etcétera porque un maqsoum no es sólo dos dum y tres tak, cada uno tiene una duración y un tiempo que si no sabes no puedes reproducir.

Ahora sé que tampoco un maqsoum son tantas negras y tantas corcheas. Cada dum es distinto en el mismo ritmo, cada tak tiene un matiz, los silencios hay que hacerlos, lo mismo que alargar una nota es importantísimo. Hay que escuchar la música para saber todo de ella y entonces poder bailarla-traducirla. Así los dums que no se tocan en el mismo tono no deberían bailarse igual, los tak que no duran lo mismo deberían hacerse diferentes. Es tan fácil como elevar el movimiento si el sonido es más agudo o llevarlo a la tierra si el sonido es más grave; movimientos más largos si el sonido dura más y más pequeños cuando la nota es corta, etcétera.

La diferencia es evidente. He visto un grupo de 30 alumnas, aproximadamente, llorar a moco tendido, en un pabellón de deportes por un par de golpes de cadera de una bailarina metida en un mono de ensayo. También he visto espectáculos producidísimos donde la mejor bailarina del mundo, con el mejor traje del mundo levantaba al teatro del asiento con el comentario de “¡qué barbaridad, lo que hace con su cuerpo!”.

Creo que es por eso que Narjess me emociona, porque puedo ver la música en su cuerpo cuando baila. Aunque también puede que sea una capacidad de la propia persona: siento que Narjess no solo toca la música con su cuerpo, sino que además es capaz de transmitir conocimiento.

Creo que nunca podré hacer traducciones literales de la música árabe: supongo que, como para una lengua, eso está casi restringido al que ha nacido en ella; acepto que ningún sordo podrá ver la melodía de una canción en mí; solo espero poder seguir disfrutando, de vez en cuando aunque sea, de las obras de alguna buena traductora.

jueves 26 de febrero de 2009

Mi primera vez

Hoy voy a terminar el día contenta. Suelo leer el blog de Nia, me gusta, sobre todo las entrevistas porque descubro cosas acerca de personas a las que a veces conozco y mucho, pero no personalmente y es habitual que las respuestas me sorprendan.

Siempre que leo una entrevista me quedo en la pregunta: “¿Cómo fue la primera vez que viste bailar danza oriental en un espectáculo?”. Después de un rato, continúo leyendo pero al fondo a la derecha, la pregunta se asienta en mi cerebro. Intento recordar cuándo fue la primera vez que vi a alguien bailar, y lo recuerdo. Muy difuminadamente veo un pañuelo rojo de monedas doradas, una chica de espaldas con el pelo largo y moreno bailando en el centro de una reunión de personas que estuvieran alrededor de un fuego. Me acuerdo porque se me quedó la escena grabadita; que era muy pequeña pero me quedé mirando sin comprender lo que aquella mujer era capaz de hacer con sus caderas. En ese momento, quise saber hacer aquello, pero luego se me olvidó. Está claro que no para siempre.

Acabo de descubrir también el en blog de Nia, que la escena real era una de la película “Desde Rusia con amor” y que lo rojo era la falda y no el pañuelo. Ni sé la de tiempo que llevo pensando de dónde habría sacado yo ese recuerdo, pero lo mejor es que después de tanto tiempo embelesada con aquel baile, hoy no me ha gustado nada!!!!

Si volviera a aquel día sabiendo lo que sé hoy, creo que me sentiría muy orgullosa por ponerme a ello y además pensaría que no lo hago tan mal!!!!

Qué tranquilita me he quedao…

domingo 14 de diciembre de 2008

El nacimiento de un nombre.

Como a muchos, me produce un impacto mental la cuestión del nombre artístico y cuando veo alguno que, por lo que sea, me llama la atención no puedo dejar de hacerme un millón de preguntas. Cuando el nombre viene acompañado de apellido, la obsesión es doble.

Esta historia, basada en hechos reales, es una posible solución a mi tremendo dilema.

Hipotética conversación de Chat:

faderecho: hoola mi niña

Yo: hola mi niño, qué tal estás ? he vuelto a los. usuarios (nota: hubo una época en la que me dedicaba a llamar a todas las oficinas de empleo de Andalucía para instalar una aplicación informática) Tengo un montón de amigos por Andalucía y no lo sabía, la peña se acuerda de mi ejejej

faderecho: anda qeu guay, esq eres mu salal, jajaja

Yo: ta bom, salal? ese va a ser mi nombre artístico pero le voy a dar un toque más árabe será: shalal, qué te parece?

faderecho: no se, shalal, no te veo como salal, pero bueno

Yo: no!??!?!?!?, por que!??!!??!?!?!? a mi me gusta......llámame shalal a partir de ahora mismo, vas a comer?

faderecho: vale, que significa?

Yo: no lo se? tu te lo has inventado

faderecho: yo?

Yo: tu me has dicho salal

faderecho: yo me he inventado salal, ah si?

Yo: y yo le he dado un toque oriental: shalal, lee más arriba

faderecho: jajajjja, si si, ah bueno, pues na, te llamare shalal: princesa del desierto

Se puede ser más exótico?

domingo 7 de diciembre de 2008

Foto inevitable de los supuestos 7 velos.

Donde se debería ver algo exótico y sensual, podemos encontrar una mezcla de la Virgen María y el Subcomandante Marcos. Tal caricatura es la tercera empezando por la derecha:

lunes 1 de diciembre de 2008

Intensivo con Zuel y Aída en Almería.


“Bailar es traducir la música”


Eso fue lo primero que aprendí con Aida. Este fin de semana estuve en Almería en el curso que impartían Zuel y Aída. Mi interés: conocer a Aída; mi intención: aprender muchísimo y pasarlo muy bien.

De oídas Aída era una persona seria y perfeccionista. Ciertamente. Pongo el ejemplo del círculo humano, como hecho con compás, que bajo su dirección montamos entre todas pero sobre todo la sensación de su gusto por la seriedad y la concentración durante las clases. A la vez he descubierto a una persona muy divertida. Nos hemos reído mucho con sus comentarios, con su risa, con su manera de expresar contento cuando lo hacíamos bien o alguien respondía correctamente a sus preguntas. Ha hecho participar mucho a las alumnas bien preguntando o invitándolas a la improvisación.

Con Aída

También me han gustado mucho los apuntes sobre la historia, la cultura o la daza árabe que iba aportando a lo largo de la clase.

A ver si “la compañía” se anima y da el salto a lo oriental. Solo por eso, mi viaje habría merecido la pena.

Con Zuel

lunes 24 de noviembre de 2008

De cómo me gustan las clases

Me gustan las clases que empiezan y terminan a su hora. Me gustan las clases en las que el profesor es capaz de generar buen rollo entre las alumnas. Me gustan las clases donde hay espacio suficiente y de sobra para todas las que van a bailar. Me gustan las clases en las que la organización no incurre en cutreces absurdas para sacar un par de euros. Me gustan las clases con un ritmo continuo porque no me gustan las clases en las que cada 15 minutos de estar de pié y en punto muerto haces 3 minutos de coreografía a tope. Cansan y aburren. Me gustan las clases con un ritmo continuo porque mantienen la atención de las alumnas y permiten concentrarse a una mejor, con lo que el tiempo se aprovecha mucho más y se está permanentemente aprendiendo. Me gustan las clases donde el nivel de las alumnas es homogéneo y el precio se adecúa a este: una clase en la que se está enseñando cómo hacer un ocho, por muy bien explicado que esté, no tendría que costar lo mismo que una clase donde el profesor te enseña cosas más sutiles de expresión o de técnica menos básica. Por eso me gustan las clases donde está clara la metodología, la temática y el nivel desde el principio. Me gustan las clases que el profesor se ha preparado bien. Me encantan las clases en las que el profesor se fija en cada una de sus alumnas y les corrige a pesar de que sean muchas. Me gustan las clases que duran no menos de lo que requiere el aprendizaje de lo que se va a aprender pero tampoco más. Me gustan las clases que empiezan por un calentamiento y terminan con un estiramiento o una relajación. Me gustan las clases que terminas cansada de prender tanto y con la sensación de que tendría que pasar un año para asimilarlo todo. Me encantan las clases divertidas.

Desde ahora tenemos tres blogs, el que guarda mi pasado viajero y erasmus: http://madowina.spaces.live.com/, el que guarda mi pasión por la danza oriental , que este y el de todo lo demás: http://madowinanosoloesbailarina.blogspot.com/.